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Kutxa 2019 | Andrea Berrotarán

Amanda Jandula / Fotografía en Eventos / / 0 Comments

Quien mejor que ella para explicar lo que vivimos el 25 de julio de este maravilloso 2019.
Gracias Andrea por confiar en nosotros, por hacérnoslo tan fácil y sobre todo, por hacernos disfrutar de toda esta tradición que ya antes nos encantaba. Tu y tu familia sois una maravilla, cuánto me alegro de haberos conocido.
Espero que estas palabras que has escrito junto con nuestras imágenes transporten a la gente a este día que envuelve una de las tradiciones más bonitas que conocemos; Kutxa eguna.

 

“El 28 de junio recibí una llamada que iba a significar mucho para mí; Norberto, el Abad
Mayor de Done Pedro Itsas Gizonen Kofradia, me dio la oportunidad de poder cumplir
una de las cosas que he querido hacer desde que era pequeña; llevar la Kutxa el día de
Santiago en Hondarribia.
Tras varias semanas entrenando con la Kutxa y haciendo los preparativos para ese día,
llegó el 25 de Julio. Me desperté tranquila y emocionada; según iban pasando las horas
me fui poniendo nerviosa, pero junto con los nervios, recuerdo que lo que tenía era
muchas ganas de que llegaran las 18:00 de la tarde para poder empezar el recorrido.
A las 14:30h de la tarde tenía peluquería y maquillaje. Me acompañó la ama y mientras
íbamos de camino recuerdo que me preguntó “Andrea, ¿eres consciente de que este
año eres tú quien lleva la Kutxa?” y sinceramente, le respondí “Hasta que no me vea
debajo del arco de la Hermandad de Pescadores con la Kutxa sobre la cabeza, no ama,
no seré consciente”.

Para cuando me di cuenta, Larraitz y Saioa ya me habían maquillado y peinado. El
tiempo pasaba muy deprisa y en pocas horas vendrían a buscarme a casa. Mientras
llegaban familiares y amigos yo me iba vistiendo con ayuda de la ama y de Carla.
Al
poco tiempo apareció Maialen, la creadora del vestido rojo, a ayudar también con el
vestido y el mantón.
En casa había buen ambiente, muchas risas y mucho nervio a flor de piel. Llegó la
amona a casa y la expresión de su cara al verme lo dijo todo. El aita y la ama me
miraban orgullosos y con una sonrisa de oreja a oreja. Bixen me miraba de reojo desde
un segundo plano y Carla estaba como loca. Y yo, yo estaba feliz.
Al rato llegó Norberto a buscarme a casa y bajamos todos en piña hasta la Hermandad
de Pescadores. Camino al arco, recuerdo que quería ir por la calle de atrás porque me
daba vergüenza pasar por la mitad de la calle San Pedro, pero no me dieron opción y
cruce la calle. Las primas estaban todas esperándome a un lado de la acera, al otro mis
amigas de la cuadrilla y las de la universidad. Y en un balcón estaba la izeba Lourdes
saludándome muy contenta.
Llegamos a la Hermandad y subí al piso de arriba para ponerle a la Kutxa la “toalla” que
la envuelve. Eran ya las 17:50h y tenía que ponerme la Kutxa. Bajé al arco y llegó el
momento clave; colocar bien la Kutxa sobre mi cabeza. El osaba Andrés sujetaba la
Kutxa por la parte de delante, la izeba Segun por la parte de atrás y Carla y la izeba
Lupe cada una a un costado para ver que el “ttonttorro”, que hace función de
almohada y de soporte entre mi cabeza y la Kutxa, no se moviese. Anduve un par de
metros dentro del arco, miré a Norberto y me preguntó varias veces si me sentía
segura y al decirle “prest nago”, empezó todo.
Estaba bajo el arco, nerviosa, con ganas de empezar y muy concentrada. Escuché las
primeras notas de la Banda de Música de Hondarribia y en cuanto vi que empezaban a
caminar salí del arco. No soy capaz de recordar los primeros metros, mi memoria no
fue capaz de guardar ese momento de lo nerviosa y concentrada que estaba.

Tras esos primeros pasos, recuerdo dar la curva y ver toda la calle San Pedro llena de gente, de
mucha gente. Fui flipando toda esa recta, mirando al frente, y a medida que daba los
pasos me fui relajando, disfrutaba más. Empecé a distinguir a la gente y a mirar de
reojo ya que no podía girar la cabeza. En una de esas, vi a mis amigas junto con mi
familia aplaudiéndome y animándome como locas; todas sonreían y me emocioné, me
emocioné mucho.
Poco a poco fui llegando a la parte vieja. Días antes ensayando, había bajado un par de
veces la cuesta de la calle Mayor y no tuve muy buena experiencia, con lo cual, el
momento más temido para mí era bajar con tacones y la Kutxa en la cabeza por los
adoquines hasta llegar a la puerta de la Parroquia.
Para cuando me di cuenta, me planté frente a la cuesta y empecé a bajar. Iba tan
contenta que el miedo paso a un segundo plano hasta que volví a hacer lo mismo que
hice el día del ensayo, metí el tacón del zapato entre dos adoquines y casi me caigo.
Tranquilos, salí airosa del susto, recuerdo el “uuuui” del público y una vocecita en mi
cabeza diciéndome “Aupa Andrea, esto solo te pasa a ti, tu haz como si nada” y seguí
toda sonriente hasta la puerta de la Parroquia.
Al entrar dentro, la iglesia estaba vacía,

y había un gran silencio que me transmitió paz y tranquilidad. Al llegar a la sacristía me
retiraron la Kutxa de la cabeza y el secretario de la cofradía leyó los documentos.
Al terminar la ceremonia de la sacristía, me fui acercando a la puerta de la Parroquia
donde me iban a colocar otra vez la Kutxa y tengo el recuerdo de que en ese momento
de repente había mucha gente dentro de la iglesia. Esta vez tardé un poco más en
ponerme bien la Kutxa y una vez lista, salí de la puerta y empezó a sonar la banda de
música. Me sentía relajada y fui consciente de que ese iba a ser el último trayecto que
realizaría hasta llegar al arco de la Hermandad.
Al salir de la parte vieja, me di cuenta de que toda mi familia y amigos habían ido
haciendo el recorrido junto a mí. Me seguían animando en cualquier esquina y no
paraban de aplaudir. Al entrar en la Calle San Pedro se me puso la carne de gallina y
me emocioné mucho. Recuerdo que no quería llegar al arco porque sabía que
entonces terminaría todo. En cuanto hice el último giro y vi el arco al fondo pensé
“ahora a darlo todo”. Llegué al arco y allí estaban todos; los aitas, mis hermanos, el
resto de la familia, mis amigas y amigos; la gente que me quería estaba ahí, conmigo.
Estuvieron animándome sin perder la sonrisa durante las 134 vueltas que di frente al
arco. Yo estaba muy arriba y con tanto cariño que estaba recibiendo no podía parar de
dar vueltas, y es que sinceramente, tampoco quería parar.
A medida que iban pasando los minutos, recuerdo que en una de las vueltas veía a la
gente haciendo el gesto de que “parase ya”. Eso me agobió un poco y decidí que tenía
que parar, aunque si por mi fuera, del subidón que tenía me hubiese encantado
quedarme ahí hasta dar las 200.

Al terminar las vueltas, entré al arco y recuerdo que Intza me ofreció su ayuda para
quitarme la Kutxa y le dije “no me la quites, no quiero quitármela aún, quiero seguir un
rato más”, ella que me entendió perfectamente, ya que había llevado la Kutxa años
antes que yo, se empezó a reír. Dentro del arco seguí dando vueltas y los que estaban
allí conmigo me siguieron animando hasta que decidí que ya había llegado el momento
de ponerle fin a la celebración. Me retiraron la Kutxa y lo recuerdo como un momento
agridulce; estaba feliz y llena emoción, pero a la vez con pena porque sabía que todo
terminaba en ese instante.
Pero aunque el acontecimiento hubiese terminado, la fiesta siguió y el día no terminó
ahí. Componentes de la banda de música siguieron tocando y junto con mi familia y
amigos seguimos con la celebración. Estuve bailando fandango y arin – arin junto con
mis amigos y niñas que habían sido alumnas mías de euskal dantza, estuve tarareando
canciones junto con mi familia y amigas, banqueta de silla de bar que veía, banqueta
que me llevaba a la cabeza simulando que llevaba la Kutxa. La fiesta continuaba. Se
unió mucha gente a disfrutar junto con los míos y recibí mucho cariño de gente que
había estado ahí entre el público animándome durante la tarde.

Ahora desde Barcelona, recordando e intentando expresar en estas páginas lo vivido
aquel 25 de julio de 2019, solo puedo decir que la primera palabra que me viene a la
mente es felicidad, fui muy feliz.
Le estoy agradecida principalmente a Norberto por haberse acordado de mi familia y
habernos tenido en cuenta para ser protagonistas de esta tradición y poder cumplir un
año más con ella. Es un día que significa mucho para cualquier familia de arrantzale;
para la hija de un arrantzale. Eskerrik asko bihotzez.
Eskerrik asko ere, a todas esas personas que habéis estado en todos los ensayos de la
Kutxa. Familia, por haber aguantado todos mis momentos de agobio; los más
pequeños de la familia porque cada vez que me miraban lo hacían con cara de ilusión y
emoción y me transmitían mucho cariño; Izaskun y Karmele por estar animando en
todos los ensayos, recuerda Izas “sonríe”. Un millon de gracias Olga, por acompañarnos
y ayudarnos en todo izeba. Intza, mila esker por los consejos y por

entenderme mejor que nadie. Maite por cuidar la Kutxa y estar pendiente de mi y de
mi familia cada vez que ensayaba. Eskerrik asko a la gente que se ha acercado a ver
algún ensayo, por transmitirme vuestro apoyo.
Beti hor egoteagatik, mila esker zuei ere: kuadrila, uniko lagunak, dantzako lagunak,
laneko lagunak, etab.
Eskerrik asko a todas las personas que os habéis acercado a felicitarme porque llevaba
la Kutxa y a las que habéis tenido un detalle conmigo.
Eskerrik asko Hondarribiko Musika Banda por darlo todo y más ese día.

Mil gracias a quienes participasteis ese día de una manera diferente: Kutixi estetika
zentroa, Larraitz y Saioa, hacéis arte con vuestras manos. Maialen; creadora del
vestido rojo, siempre ahí hasta el último momento pendiente del mínimo detalle, todo
para que ese día fuera como un pincel. Eskerrik asko Amanda e Imanol por plasmar y
capturar todos los momentos de aquel maravilloso día en fotos chulísimas.
Eskerrik asko a todos esos arrantzales que ya no estáis entre nosotros. Me acordé
mucho de vosotros. Porque, aunque no estabais presentes, sí que lo estabais para
vuestros nietos, hijos, sobrinos, primos, demás familiares y amigos.

Eskerrik asko osabak eta izebak, lehengusu eta lehengusinak; siempre pendientes de
mí. Eskerrik asko, amona Simona eta izeba Lourdes, estoy feliz de que hayáis podido
verme y que hayáis disfrutado tanto como lo he hecho yo. Aitona Bixente, aunque lo
tuyo era la caza, la ama siempre dice que tenías mucho trato con los arrantzales; por
algo será. Eskerrik asko amona Nati, quién me iba a decir que las últimas palabras que
recuerdo de ti hacia mí se iban a hacer realidad. Sé que desde algún lugar has vuelto a
revivir el que fue también tu día. Eskerrik asko attona Antonio, sé que hubieras
disfrutado como el que más ese día como buen arrantzale que eras.
Para terminar, eskerrik asko Carla eta Bixen, por ser unos hermanos que siempre están
a la altura de todo. Eskerrik asko bihotzez aita eta ama; no sé si dentro de unos años
me acordaré de todos los detalles de ese día, pero lo que tengo claro es que vuestro
cariño, amor, vuestras caras de orgullo y de felicidad no se me van a olvidar nunca.
Maite zaituztet familia.
Y como siempre he dicho “Arrantzale familia batean hazi, hezi eta bizi dena bakarrik
daki eta uler dezake zein den arrantzale baten benetako bizitza”.

Andrea Berrotaran Iridoy.”

 

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